Mi hijo pequeño cumple doce años la semana próxima. Ya están los escaparates navideños iluminando las tiendas. los juguetes esperando ser elegidos en las miles de cartas venideras dirigidas los Reyes Magos de Oriente. Al ver los juguetes, ya no brilla la mirada en los ojos del niño que se va convirtiendo en un hombrecito. Andy ya se despidió de Woody y Lightyear y no nos habíamos enterado.
Todos los padres que hemos tenido hijos pequeños, nos hemos trasladado durante muchos años, en cierta forma, a nuestra segunda niñez. Hemos compartido con ellos sus juegos, películas infantiles, aficiones…Nos hemos identificado con ellos al ver su inocencia e ilusiones. Aún recuerdo agarrar su pequeña mano y observar el brillo de su mirada al hablarles del Ratón Pérez que vino a casa la noche anterior…Durante estos años muchos de los que hemos pasado por este maravilloso mundo, hemos vivido nuestra segunda infancia. Hemos podido empatizar con criaturas inocentes. Niños felices que han vivido el día a día disfrutando de sus ilusiones y fantasías. Han crecido, es ley de vida. Ya tiene un pensamiento lógico. Ya no les podemos proteger de la realidad, de la responsabilidad, de las obligaciones y del sentido del deber. Tienes que ser capaces de aceptarlas, asumirlas, vivir con ellas y superarlas. Ahora toca ser fuerte para asumir las nuevas etapas, se les fue la primera infancia y a nosotros la segunda…