Aceptar nuestras limitaciones y nuestras imperfecciones es la base para aceptar consejos, para poder aprender y estar abiertos a sugerencias y a mensajes y opiniones de los demás.

Según la Real Academia Española, la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con eso conocimiento. En otra acepción la RAE también nos habla de sumisión y rendimiento.

Humildad procede del latín humilis, en relación con humus, con la tierra. Influencia judeocristiana que pone de manifiesto de dónde venimos y dónde vamos a terminar.

Saber convivir con nuestros errores, admitir mis defectos y limitaciones es imprescindible para poder aceptar situaciones contrarias.

El filósofo griego Sócrates en el siglo V AC, basaba su método de conocimiento indirectamente en la humildad. Una de sus frases famosas era “Sólo sé que no sé nada”. Este reconocimiento de nuestras limitaciones, de nuestra imperfección, de sentirnos hormigas en el universo infinito, suponía para Sócrates el punto de partida para poder aprender. Sólo el que está libre de prejuicios y de ideas previas puede mirar la realidad con claridad y relativa objetividad. Por el contrario, si ya me creo en posesión de la verdad, si me considero superior en algún aspecto determinado, difícilmente intentaré buscar nuevas respuestas a nuevos interrogantes.

Unida a la humildad, o reconocimiento de nuestras limitaciones, se debe encontrar la motivación y el deseo de aprender. Si somos humildes pero no tenemos objetivos, deseos o aspiraciones, nos quedaremos simplemente en la nada, anclados, sin energía que nos movilice; como diría Nietzsche, en el nihilismo. Estas personas son más susceptibles, desde mi punto de vista, de tener problemas futuros. La base de muchas psicoterapias en aclarar y ser consciente de nuestros valores y objetivos en la vida y luchar por ellos.

La autoestima es la valoración general positiva de uno mismo. La autoestima implica que uno se aprecia, se quiere y se valora positivamente a pesar del reconocimiento de nuestras limitaciones e imperfecciones. Desde esta perspectiva, autoestima y humildad son compatibles. La autoestima me protege contra el reconocimiento de mi imperfección. La autoestima debería ser un bálsamo protector contra mis limitaciones, como un chaleco salvavidas que nos ayude en determinadas situaciones de emergencia. “Me valoro positivamente a pesar de que no me han ido bien las cosas hoy”. “Me hubiera gustado lograr ese reto pero seguiré intentándolo”. Son ejemplos que denotan humildad y buena autoestima. Implican reconocerme limitado e imperfecto (humildad) pero a la vez con el convencimiento de que lo puedo conseguir (autoestima).

Como vemos, hablar de humildad nos ha llevado a hablar de autoestima, objetivos y metas (motivaciones) e indirectamente a otros dos conceptos que también requieren aclaración y al que le dedicaremos una reflexión: autoconcepto y su relación con la autoestima, y hábitos de trabajo en relación con objetivos y metas.