Interesante artículo de Vicente Cuairán sobre la importancia del entrenamiento mental en el deporte.

¿Porqué tira mi hijo/a la raqueta al suelo? ¿Qué puedo hacer para que no lo haga?

¿Por qué tira mi hijo/a la raqueta al suelo? ¿Qué puedo hacer para conseguir que no lo haga? Son dos de las preguntas que más me consultan tanto entrenadores como padres. (Trasládese “tirar la raqueta” a por qué mi hijo pierde los nervios, el control, se enfada o deja de rendir entre otros…)

Esta pregunta la suelo responder a su vez con otra pregunta ¿Tú has visto a algún jugador de tenis de mesa tirar su pala al suelo o partirla en dos? Muchos no han visto nunca un partido de tenis de mesa y no saben qué contestarme pero… ¿alguien ha visto partir o tirar su pala alguna vez a algún jugador de tenis de mesa? Yo no…

La realidad es que (por mucho que nos pese) hay conductas (buenas y malas) que terminan por convertirse como propias de cada uno de los deportes y que generan una serie de valores que los definen como tal. El tenis es (sin duda) un deporte capaz de transmitir una serie de valores competitivos de mucha calidad (la mayoría diría yo) pero como todo, tiene su talón de Aquiles, y la gestión de las respuestas emocionales y las conductas asociadas a la frustración que viven nuestros tenistas es algo que todavía estamos en vías de mejorar y cuyos modelos debemos continuar mejorando.

La explicación más razonable para pensar por qué los jóvenes jugadores y jugadoras de tenis de mesa no responden partiendo sus raquetas es (sencillamente) porque no encuentran modelos que les enseñen tales conductas (no ven nunca a nadie romper nada en ningún partido) ni a jugadores profesionales, ni a compañeros y por lo tanto crecen con un modelo (de conducta y forma de pensar) en el que la frustración se gestiona de otra manera, con otro tipo de respuesta emocional y conductual.

Por el contrario, si nuestros jóvenes tenistas lo que ven en algunos de sus compañeros y profesionales es que se destrozan raquetas (o que se enfadan airadamente) como respuesta a la frustración, lo lógico (y lo más adaptativo además) será que ¡ellos hagan lo mismo! ya que ese el modelo que están aprendiendo a replicar.

¿Solución? Erradicar ese tipo de conductas en todos y cada uno de los jugadores/as para que se extinga el modelo y las futuras generaciones no crezcan con el. ¿Obstáculo? Que eso es sencillamente imposible. No podemos poner a todos los jugadores y jugadoras del mundo de acuerdo en algo así y por lo tanto “la batalla la tendremos que hacer por nuestra cuenta”.

Entonces… ¿tenemos la batalla perdida? En absoluto. Solo necesitamos entender dónde poner nuestro foco de atención cuando tales conductas ocurran. Cualquier conducta, sea del tipo que sea, en el tenis, en el colegio, en un cumpleaños, en casa del primo Juan está siempre precedida por dos cosas; una emoción y un pensamiento. Por ejemplo; tirar la raqueta (el modelo de conducta que he aprendido) viene precedido de una emoción (enfado) y de un pensamiento (fallar no mola).

Así pues: FALLAR + “FALLAR NO MOLA” (PENSAMIENTO) = ENFADO (EMOCIÓN) = TIRO LA RAQUETA (CONDUCTA APRENDIDA)

Vale ¿Y qué hacemos nosotros cuando la conducta aparece? ¿En qué nos fijamos? Normalmente nos fijamos en la conducta y tratamos en cambiarla: “No hagas eso”, “las raquetas no se tiran”, “como la tires te quedan sin ella”… etc. Tratamos de intervenir en la conducta.

¿Problema? Que actuando así ponemos la tirita en la herida para que no salga sangre pero no curamos la herida.

¿Y entonces, que podemos hacer? La mejor intervención que podemos hacer para conseguir resultados efectivos (aunque mucho más lentos eso sí) es el de cambiar la manera de pensar del jugador/a. Influir en su manera de interpretar los fallos. Porque cuando eso ocurre, como por arte de magia la raqueta se queda pegada a la mano “y no se cae jamás”. Imaginemos que conseguimos que crean que fallos es igual a “parte del juego”, a “información”, a “buscar soluciones” que pasará entonces… Pues pasará que la fórmula será de esta manera:

FALLOS + “FALLAR FORMA PARTE DEL JUEGO” = CALMA (EMOCIÓN) = BUSQUEDA DE SOLUCIONES Y RAQUETA EN MANO (CONDUCTA)

Necesitamos crear en nuestros jugadores/as una cultura del pensamiento de calidad que les permita aprender a competir en calma pase lo que pase. Y eso solo lo conseguiremos cuando les ayudemos a desarrollar un pensamiento competitivo de calidad que les permita interpretar correctamente cada una de las situaciones de partido. Y para eso, nosotros, necesitamos comenzar a poner el foco en la verdaderamente importante que es lo que están pensando y que les lleva a esa conducta. La conducta (que tire la raqueta o se enfade) es solo información que nos dice si en esa situación nuestros jugadores/as piensan con calidad o no, si necesitamos intervenir en su manera de pensar o no.

Esto sería como cuando se enciende el testigo de avería de motor que nos dice que algo está fallando en el motor. ¿Qué hacemos en ese caso? Tapamos la luz para no ver que está encendida o cambiamos lo que está averiado en el motor. Pues en la pista ocurre lo mismo. La conducta nos avisa que algo no está funcionando a nivel de pensamiento. ¿Y qué pasa cuando arreglamos el motor? Que la luz se apaga sola. Y que pasa cuando les enseñamos a interpretar la situación y a pensar de manera adecuada. Que la emoción y la conducta desaparece sola. Y desde ahí, tenemos siempre “la batalla ganada”, con esa forma de actuar conseguiremos siempre que nuestros jugadores/as rindan como queremos y desarrollaremos los valores que estamos persiguiendo.