Especialidades y tratamientos

Adultos

Depresión, ansiedad, ataques de ansiedad o de angustia, estrés, fobias, obsesiones, hipocondría, timidez, agresividad, complejos e insomnio.

 

Adolescentes

Trastornos de la Alimentación: Anorexia y bulimia, trastornos de la imagen corporal (complejos), depresión, ansiedad, estrés, baja autoestima, agresividad, impulsividad y psicología deportiva.

Tratamientos

Cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo. En nuestra moderna sociedad, cada vez son más frecuentes los trastornos psicológicos, pero también es cada vez mayor el conocimiento sobre ellos y sobre las posibles terapias.

Nuestro centro, está compuesto por un equipo de profesionales especializados en diferentes áreas de intervención, lo cual nos permite alcanzar excelentes resultados en la solución de casos.

En nuestro centro realizamos el tratamiento de todo tipo de problemas psicológicos, a continuación describimos algunos de los trastornos más habituales y terapias que aplicamos.

DEPRESIÓN

Hablar de la depresión es algo muy complejo ya que no existe una definición universal que la pueda definir, pues como decía el doctor Vallejo-Nájera sólo el depresivo sabe bien lo que es la depresión.

Se habla de un episodio depresivo mayor cuando la persona siente:

  1. A) Una disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades y/o
  2. B) Un estado de ánimo depresivo la mayor parte del día acompañado de 4 o más de los siguientes síntomas:

1) Pérdida o aumento del peso.

2) Insomnio o hipersomnia casi todo el día.

3) Agitación o enlentecimiento psicomotor

4) Fatiga o pérdida de energía.

5) Sentimientos de inutilidad.

6) Indecisión o dificultad para concentrarse.

7) Pensamientos recurrentes de muerte.

Podríamos hablar no obstante de cuatro tipos de depresión:

1.- La reactiva: producida por una tragedia.

2.- La endógena: con un factor hereditario.

3.- La bipolar: con alternancia del estado de ánimo (euforia-depresión).

4.- La orgánica por mal funcionamiento del tiroides u otra causa física.

La depresión es una enfermedad cada vez más abundante. La O.M.S. cifra en 360 millones en el mundo. En España se habla de 3 millones, casi un 10% de la población.

Puesto que la forma de pensar del depresivo es negativa o pesimista y dado que del pensamiento se pasa al sentimiento, y posteriormente a la creencia, tiene que intentar modificar ese pensamiento por uno más positivo.

Es característico de una persona deprimida:

– Su autoimagen. El depresivo tiene una baja autoimagen, una baja autoestima y una baja autoeficacia.

– La imagen negativa que tiene del mundo en general y de la sociedad.

– La proyección negativa del futuro. El depresivo suele decir y creer que su problema no tiene remedio.

Lo más sensato para liberarse de una depresión es reconocer que se tiene y buscar la ayuda de un profesional. En muchos casos es necesario un tratamiento médico y psicológico.

 

FOBIAS

Podríamos definir una fobia como una reacción de miedo y repulsa ante un estímulo determinado; este temor es reconocido por quien lo sufre. Asimismo la persona lo considera desproporcionado al saber que se trata de una situación que no asusta a la mayoría de la gente. La fobia no puede ser explicada o razonada por quien la padece. En muchas ocasiones la persona reconoce que es una tontería pero el temor aparece.

La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una repuesta de ansiedad manifestada por la aparición de algunos de los siguientes síntomas:

palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de falta de aire, malestar torácico, molestias abdominales, mareo, miedo a perder el control, miedo a morir, sensación de hormigueo, escalofríos o sofocos…

En ocasiones el pensar en el estímulo fóbico es suficiente para que la respuesta de ansiedad se produzca. Estas respuestas de ansiedad no pueden controlarse por medio de la voluntad. Todo esto provoca que la persona evite a toda costa la situación fóbica.

Normalmente las fobias se clasificaban en función del estímulo provocador de las mismas y se nombraban con su etimología latina o griega seguida del sufijo fobia.

Actualmente se clasifica en tres categorías: agorafobia, fobias específicas, fobias sociales.

“Agorafobia”: se caracteriza por la aparición de ansiedad o tendencia a la evitación de lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o embarazoso, o bien donde sea imposible encontrar ayuda en el caso de que aparezca en ese momento una crisis.

Se denominan “fobias específicas” las que son provocadas por una situación u objeto preciso y concreto. Suele instaurarse a partir de una asociación entre un cuadro de ansiedad y cualquier situación u objeto que lo acompañe. Ejemplos de fobias simples son: a los perros, arañas, ratones, tormentas, oscuridad, avión, tren, ascensor, túneles… y un largo etcétera, tantas como la imaginación quiera proporcionarnos.

La “fobia social” es el miedo acusado a situaciones sociales o actuaciones en público: reuniones, hablar en público, dar una conferencia, fiestas, citas con personas menos conocidas…

El tratamiento de las fobias es similar, sea de la índole que sea. Puesto que la fobia es consecuencia de una asociación psicológica de un estímulo con una respuesta emocional (la angustia), el objetivo es asociar dicho estímulo con otra respuesta emocional más adecuada (la relajación).

ANSIEDAD

Los problemas de ansiedad son mucho más comunes de lo que la mayoría de la gente cree.

 El síntoma de la ansiedad, que es persistente en el tiempo (dura más de 6 meses) y es generalizada, sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), no está restringida a una situación en particular como en las fobias.

La ansiedad esta asociada muy frecuentemente a preocupaciones excesivas (llamada expectación aprensiva). A la persona le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.

La ansiedad y preocupación se asocian a 3 o más de los siguientes síntomas:

  • Nerviosismo, inquietud o impaciencia
  • Fatigabilidad (cansancio) fácil
  • Dificultad para concentrarse o poner la mente en blanco
  • Irritabilidad
  • Tensión muscular, temblor, cefalea (dolor de cabeza), movimiento de las piernas e incapacidad para relajarse
  • Alteraciones del sueño: dificultad para conciliar o mantener el sueño o sensación al despertarse de sueño no reparador
  • Sudoración, palpitaciones o taquicardia, problemas gastrointestinales, sequedad de boca, mareos, hiperventilación (aumento del número de respiraciones por minuto)

La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan un malestar significativo o deterioro en las relaciones familiares, sociales, laborales o de otras áreas importantes de la actividad de la persona.

Es importante descartar que estos síntomas no sean debidos a la ingesta de algún tipo de sustancia ansiogénica: cafeína, anfetaminas o a una enfermedad médica (hipertiroidismo por ej.).

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El padecer de este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad

ANOREXIA Y BULIMIA

Los problemas de alimentación comparten en las personas que los padecen el deseo de poseer una imagen corporal perfecta (relacionada habitualmente con los “cuerpos” de moda que nos distribuye la publicidad), y la existencia de una distorsión del propio cuerpo, considerando que se es más “gorda” de lo que objetivamente se está.

Tape measure wrapped around hands

En el caso de la anorexia nerviosa, de cada 100.000 jóvenes (mujeres) de entre 15 y 24 años de edad, de 30 a 40 padecen anorexia (Toro, 1987) y a finales de la década de los 90 ya estamos hablando de más de 100 por la misma población.

Los criterios diagnósticos que ofrece el DSM-IV para la anorexia nerviosa son:

  1. Rechazo a mantener el peso corporal igual por encima del valor      mínimo normal considerando la edad y la talla.
  2. Temor intenso a ganar peso o a convertirse en obeso.
  3. Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales.
  4. Perdida de la menstruación.

En el caso de la bulimia nerviosa los criterios son:

  1. Presencia de atracones recurrentes acompañados de conductas compensatorias inapropiadas a fin de no ganar peso.
  2. Los atracones son frecuentes y persistentes.
  3. La autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta corporales.
  4. La alteración no aparece exclusivamente durante los episodios de anorexia nerviosa.

Cuando la anorexia se hace manifiesta los síntomas se recrudecen: la pérdida de peso se acelera, tienen miedo intenso a ganar peso a pesar de ser evidente de que están por debajo de su peso; las dietas se hacen severas, incluso llegándose a negar a comer; el ejercicio se realiza de forma compulsiva, desaparece la menstruación, y aparecen serios cambios en el carácter (sobre todo irritabilidad, bajo estado de ánimo, comienzan a aislarse de amistades, de la familia, etc.), caída del cabello y exceso de vello en los brazos e hipersensibilidad a los descensos de temperatura.

El tratamiento psicológico se hace indispensable (tanto en la anorexia como la bulimia), para resolver las dificultades y conflictos psicológicos que impulsan a la persona al distorsionar su imagen y el comportamiento en relación a la comida.

 

ESTRÉS

La biología y la medicina han incorporado el termino “stress”

Estrés es la “respuesta no específica del organismo a toda demanda que se le haga”. La Organización Mundial de la Salud define el estrés como “el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan el organismo para la acción”.

La imposibilidad de modificar el estresor, sometiéndonos a veces a enorme presión psicológica, es lo que lleva a menudo a salidas como, por ejemplo, el cigarrillo, el alcohol, los psicofármacos, las drogas, la obesidad, que terminan agravando el estrés y sumando factores de riesgo.

El estrés excesivo afecta al equilibrio químico del cuerpo. Cuando se desencadena el estrés, entra inmediatamente la potente hormona adrenalina en el torrente sanguíneo. Otra reacción estimulada por ciertas emociones en el llamado sistema nervioso simpático, provoca la liberación de una hormona muy similar, la noradrenalina.

La finalidad de este sistema de reacción es disponer el cuerpo para situaciones de urgencia Sólo durante un corto periodo de tiempo puede el cuerpo mantener sin riesgos este tipo de reacción. Si se permite que se prolongue demasiado, el equilibrio comienza a producir problemas.

Aunque las manifestaciones específicas de la ansiedad varían de un individuo a otro, existen algunos signos que pueden ayudarnos a reconocer un estado de ansiedad:

–         Signos de tensión motora. Entre los más frecuentes destacan: estremecimientos, espasmos, movimientos bruscos, temblor, tensión, dolores musculares, fatigabilidad e incapacidad para relajarse. Pueden aparecer también tics palpebrales, fruncimiento del ceño, rostro constreñido, inquietud, intranquibilidad…

–         Signos de hiperactividad vegetativa. Puede aparecer sudoración, palpitaciones o taquicardias, sensación de manos sudorosas y frías, boca seca, mareo, sensación de vacío en la cabeza, parestesias, sensación de peso en el estómago, crisis de sensación o frío, micción frecuente, diarrea, dolor en la boca del estómago, nudo en la garganta, enrojecimiento de la piel, pulso y respiración aumentados en reposo…

–         Signos de expectación aprensiva. La persona se encuentra generalmente aprensiva, se preocupa, da vueltas en su cabeza y anticipa que algo malo le puede ocurrir a él o algún miembro de su familia.

–    Signos de vigilancia y escrutinio: lo anterior, la expectación aprensiva, puede causar un caso de hiperatención que lleve a la persona a sentirse con falta de concentración, de distraibilidad, insomnio, dificultad en conciliar el sueño, sueño interrumpido y/o fatiga al despertar.

PSICOLOGÍA DEPORTIVA

Técnicamente, la psicología Deportiva es una disciplina de acompañamiento en la que el psicólogo, mediante conversaciones transformadoras, provoca un proceso de reflexión en el Deportista que le ayuda a profundizar en su autoconocimiento, tomando consciencia de la realidad en todos los ámbitos de su vida.

Observar qué siente, qué piensa y cómo actúa son elementos fundamentales para poder generar los cambios necesarios que le permitan alcanzar su máximo rendimiento disfrutando plenamente del juego.

El desarrollo de la toma de conciencia en el jugador citando a John Whitmore, es papel clave del entrenador, pues, incrementar la conciencia es conocer lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y por lo tanto aumento de concentración y rendimiento. La conciencia de las sensaciones corporales puede ser crucial en el desarrollo de las habilidades físicas. En la mayoría de los deportes, para incrementar la eficiencia física individual se consigue siendo consciente de las sensaciones físicas durante una actividad. La atención más concentrada de lo normal conduce a un desempeño más alto de lo normal.

La confianza en sí mismo, la motivación interna del jugador, la claridad, el compromiso con el equipo, la conciencia, la responsabilidad y la acción son productos del coaching.

La ineficiencia corporal surge de la inseguridad y de la inadecuada conciencia del propio cuerpo.

Entrenar para desarrollar la conciencia y responsabilidad tiene dos efectos: uno inmediato, como llevar a cabo una tarea, y otro mediato: tener una mejor calidad de vida.

En la investigación de David Hemery preguntó a cada uno de los deportistas, cuál era el grado de compromiso de la mente en la práctica de su deporte. Hemery escribió: El veredicto unánime se expresó en palabras como “enorme”, “total”, “en eso consiste todo el juego”, “ uno juega con su mente”, “ ahí tiene su origen el movimiento del cuerpo”.