La muerte es un hecho que forma parte de la vida. Ponerle palabras a este suceso resulta muy complicado, más aún si se trata de comunicárselo a los más pequeños. El temor que experimentamos los adultos ante esta situación hace que en ocasiones elijamos ocultar y/o callar. 

Creemos que protegiéndolos de la muerte les ahorramos  sufrimiento,  pero  es  todo  lo  contrario. Los niños   y  adolescentes que  sufren la muerte de  sus  seres  queridos,  sienten  y  se  cuestionan muchas cosas que deben ser correctamente atendidas para su correcto procesamiento. 

La cultura en torno a la muerte ha cambiado en los últimos años. Antes se moría en casa rodeado de los seres queridos. Los niños, como miembros de la familia, eran conscientes del sufrimiento que rodeaba esa muerte y participaban indirectamente en el funeral. Ahora se muere en hospitales, en unidades de cuidados paliativos alejados de todos los familiares. Se pierde la naturalidad de la muerte que pasa a convertirse en un tabú. En estos momento, la pandemia del Covid-19, ha alterado incluso nuestros ritos de despedida, privándonos del contacto social entre amigos y seres queridos del fallecido e incluso, en algunos casos, privándonos del contacto físico con nuestros seres queridos fallecidos.

En algunos casos se incurre en el error de la ocultación de la muerte del ser querido a los niños con la buena intención de ahorrarles ansiedad y sufrimiento. Dicha ocultación genera dudas posteriores sobre cómo abordar la muerte de un ser querido con ellos: ¿Cómo se lo cuento?, ¿entenderá lo ocurrido?, ¿Debe verme llorar?, etc. Lo primero que debemos tener en cuenta es que los niños van incorporando paulatinamente aspectos relevantes a su concepto de muerte, los más pequeños tienen una comprensión limitada de la muerte mientras que los adolescentes y los preadolescentes manejan un concepto muy parecido al del adulto.

Existen algunos aspectos claves que debemos tener en cuenta antes de enfrentarnos a abordar el duelo con niños y adolescentes:

 

1.La Irreversibilidad: Aquello que ha muerto no va a volver a vivir. 

 

El objetivo debe ser que el niño entienda que la muerte es permanente, que no hay vuelta atrás, que no se puede estar muerto un ratito y luego volver a vivir. Aunque parezca algo obvio, películas y cuentos clásicos equiparan la muerte a un sueño o a un viaje. No se deben utilizar expresiones del tipo: “Se fué“, “Está en otro lugar“, “Se ha ido“, “Ha subido”, etc. y utilizar expresiones que hagan claramente alusión a la irreversibilidad de la muerte, expresiones que contengan la palabra “Muerte” y que dejen claro que “no volveremos a ver más” a la persona fallecida. Por ejemplo: “La abuelita se ha muerto y ya no la vamos a volver a volver”.

 

2.La universalidad de la muerte:

 

El niño debe entender que la muerte es algo universal que a todos nos va a ocurrir. Sin embargo, aunque este hecho debe quedarle claro, para evitar generar angustia innecesaria, utilizaremos la postergación de la muerte de seres cercanos. Ante la pregunta: “¿Tú te vas a morir, mama?”. La respuesta debe ser: “Cariño, lo normal es que yo muera cuando tú seas muy muy mayor”.

Cuando la muerte de algún ser cercano es previsible, la debemos ir introduciendo gradualmente  desde que se tiene conocimiento del carácter irreversible de la enfermedad.

 

3. El cuerpo deja de funcionar: las funciones vitales se detienen:

 

El muerto no ve, ni oye, ni respira, ni siente, ni piensa, etc. Hay que evitar expresiones que hagan referencia a las funciones vitales en un intento de tranquilizar al niño con cualquier tipo de metáfora: “Portarte bien, que mamá lo ve todo desde el  cielo”. 

Apelaremos al recuerdo, la memoria y los valores defendidos por la persona fallecida cuando el niño comprenda que las funciones vitales se han detenido.

– ¿Cuando una persona muere deja de existir? ¿El abuelito ya no existe?

-No, cuando alguien muere permanece en nuestro recuerdo, a ver, ¿qué cosas recuerdas que hacías con el abuelo?

-Íbamos a comprar helados a escondidas.

-Bien, así es como a ti te gusta recordar al abuelo, yendo contigo a escondidas a comprar helados.

-Entonces, ¿puede comprar helados ahora?

-No, no puede, ya no puede comprar, pero tú puedes recordarle en tu corazón comprando esos helados.

 

4.Hay una causa: la muerte tiene una explicación física

 

El niño tiene que entender que la muerte se produce por una causa, hay algo que la ha motivado, que las personas no mueren de nada o sin una causa física. Es fundamental explicarles a los niños cuál ha sido la causa exacta de la muerte del ser querido: si falló el corazón, si fueron los pulmones, si el cerebro dejó de funcionar o cualquier otra causa física que desembocase en la interrupción de las funciones vitales.

Con frecuencia los adultos utilizamos expresiones confusas para explicar la muerte a los niños, suelen ir en esta línea: “El abuelo se quedó muy tranquilo mientras dormía”, “Papa tuvo un accidente”, “La enfermedad le mató”. 

No hay que olvidar que todos dormimos, que los accidentes de cualquier tipo son muy comunes y que también nos ponemos enfermos. Por eso, estas explicaciones pueden generar confusión y temor en los más pequeños.

Dar al niño una explicación donde le contemos que el corazón de la persona fallecida dejó de latir, o que sus pulmones ya no funcionaban, o que su cuerpo dejó de funcionar (bien porque el cerebro ya no enviaba las órdenes necesarias, o porque el corazón se detuvo y ya no bombeaba la sangre que necesita el cuerpo para seguir vivo) es suficiente para que los niños pequeños comprendan las causas físicas que han provocado la muerte.

Ejemplo de diálogo ante la muerte de ser querido:

-¿Qué le ha pasado al abuelito, mamá?

-El abuelo se ha muerto, eso significa que su corazón ya no late, que no le vamos a ver más, que no puede ver, ni hablar, ni le duele nada.

– ¿Y ahora dónde está? ¿Cómo podría verle?

– Ya no está aquí, no podemos verle, pero a mí me gusta recordarle en las cosas que hacía con nosotros. Me gusta pensar que está en el cielo, que es como un recuerdo de las cosas que a él le gustaban. ¿Recuerdas que le gustaba mucho la jardinería? Pues a mí me gusta imaginármelo con ese sombrero que se ponía cuando disfrutaba arreglando el jardín. ¿Cómo te gustaría imaginártelo a ti?

-A mí, cuando me llevaba a comer helados y me cogía de la mano.

-Perfecto, pues el cielo es como lo vamos a recordar, ¿te parece? Para mí será el jardín del abuelo y para ti, el quiosco de helados.

Fuente principal: Manual Duelo Infaltil. Fundación Mario Losantos del Campo