REFLEXIONES I: EL PODER DE LA HUMILDAD Y SU RELACIÓN CON LA AUTOESTIMA por José Manuel Cebriá García, psicólogo.

REFLEXIONES I: EL PODER DE LA HUMILDAD Y SU RELACIÓN CON LA AUTOESTIMA por José Manuel Cebriá García, psicólogo.

Aceptar nuestras limitaciones y nuestras imperfecciones es la base para aceptar consejos, para poder aprender y estar abiertos a sugerencias y a mensajes y opiniones de los demás.

Según la Real Academia Española, la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con eso conocimiento. En otra acepción la RAE también nos habla de sumisión y rendimiento.

Humildad procede del latín humilis, en relación con humus, con la tierra. Influencia judeocristiana que pone de manifiesto de dónde venimos y dónde vamos a terminar.

Saber convivir con nuestros errores, admitir mis defectos y limitaciones es imprescindible para poder aceptar situaciones contrarias.

El filósofo griego Sócrates en el siglo V AC, basaba su método de conocimiento indirectamente en la humildad. Una de sus frases famosas era “Sólo sé que no sé nada”. Este reconocimiento de nuestras limitaciones, de nuestra imperfección, de sentirnos hormigas en el universo infinito, suponía para Sócrates el punto de partida para poder aprender. Sólo el que está libre de prejuicios y de ideas previas puede mirar la realidad con claridad y relativa objetividad. Por el contrario, si ya me creo en posesión de la verdad, si me considero superior en algún aspecto determinado, difícilmente intentaré buscar nuevas respuestas a nuevos interrogantes.

Unida a la humildad, o reconocimiento de nuestras limitaciones, se debe encontrar la motivación y el deseo de aprender. Si somos humildes pero no tenemos objetivos, deseos o aspiraciones, nos quedaremos simplemente en la nada, anclados, sin energía que nos movilice; como diría Nietzsche, en el nihilismo. Estas personas son más susceptibles, desde mi punto de vista, de tener problemas futuros. La base de muchas psicoterapias en aclarar y ser consciente de nuestros valores y objetivos en la vida y luchar por ellos.

La autoestima es la valoración general positiva de uno mismo. La autoestima implica que uno se aprecia, se quiere y se valora positivamente a pesar del reconocimiento de nuestras limitaciones e imperfecciones. Desde esta perspectiva, autoestima y humildad son compatibles. La autoestima me protege contra el reconocimiento de mi imperfección. La autoestima debería ser un bálsamo protector contra mis limitaciones, como un chaleco salvavidas que nos ayude en determinadas situaciones de emergencia. “Me valoro positivamente a pesar de que no me han ido bien las cosas hoy”. “Me hubiera gustado lograr ese reto pero seguiré intentándolo”. Son ejemplos que denotan humildad y buena autoestima. Implican reconocerme limitado e imperfecto (humildad) pero a la vez con el convencimiento de que lo puedo conseguir (autoestima).

Como vemos, hablar de humildad nos ha llevado a hablar de autoestima, objetivos y metas (motivaciones) e indirectamente a otros dos conceptos que también requieren aclaración y al que le dedicaremos una reflexión: autoconcepto y su relación con la autoestima, y hábitos de trabajo en relación con objetivos y metas.

Bloqueo mental, ansiedad y miedo en el tenis, por José Manuel Cebriá, Psicólogo

Bloqueo mental, ansiedad y miedo en el tenis, por José Manuel Cebriá, Psicólogo

BLOQUEO MENTAL, ANSIEDAD Y MIEDO EN EL TENIS, por José Manuel Cebriá García, Psicólogo.

 

Bloqueo mental, ansiedad y miedo son términos muy utilizados en el deporte para describir situaciones indeseables para un jugador que impiden el correcto desarrollo de su rendimiento deportivo. Por otra parte, son términos confusos que a menudo se utilizan como sinónimos.

En este artículo vamos a intentar hablar de cada uno de ellos y delimitar sus parcelas para evitar posibles confusiones terminológicas.

“De repente, tu mente no funciona con la misma velocidad a la que estabas acostumbrado, no sabes qué tienes que hacer. Tu mente se paraliza y eso  hace que aumente más tu nerviosismo y tu ansiedad”.

El bloqueo mental es uno de los síntomas más frecuentes de ansiedad que puede ocurrir durante un partido.

El bloqueo mental se puede dar en las situaciones más variadas y, generalmente, en las situaciones más inoportunas. Uno de los más frecuentes tipos de bloqueo mental es el que te impide concentrarte en lo que estás haciendo. La imposibilidad de prestar atención, a consecuencia de los nervios, puede jugarte malas pasadas en los momentos más importantes de un partido. El bloqueo se suele considerar como la imposibilidad de seguir una línea de pensamiento que afecta a nuestras conductas, disminuye nuestro rendimiento y limita nuestro potencial para conseguir nuestro objetivo.

Existen varias causas de un bloqueo mental. En este caso nos vamos a centrar en la ansiedad y el miedo. Por tanto, ansiedad y miedo son causantes del bloqueo mental que provoca una considerable disminución del rendimiento del jugador.

Un bloqueo mental impide desarrollar la respuesta adecuada ante las situaciones demandadas y puede incrementar los niveles de ansiedad, frustración e incluso culpa y vergüenza por la imposibilidad de resolver dicha situación. Esto nos hace entrar en una espiral y provocar un círculo vicioso del que se hace difícil salir sin un buen entrenamiento mental.

La ansiedad afecta al equilibrio químico del cuerpo. Cuando se desencadena la respuesta de activación del organismo, entra inmediatamente la potente hormona adrenalina en el torrente sanguíneo. Otra reacción estimulada por el llamado sistema nervioso simpático, provoca la liberación de una hormona muy similar, la noradrenalina.

La finalidad de este sistema de reacción es disponer el cuerpo para situaciones de urgencia. Aunque las manifestaciones específicas de la ansiedad varían de un individuo a otro, existen algunos signos que pueden ayudarnos a reconocer un estado de ansiedad en la situación concreta a la que nos referimos: tensión motora, sensación de vacío en la cabeza, pulso y respiración aumentados, anticipaciones catastrofistas, falta de concentración, distraibilidad, etc.

La ansiedad se encuentra relacionada con la expectativa de que algo sucederá, es decir, cuando esperamos que ocurra algo y anticipamos efectos negativos antes de que lleguen o se produzcan. Oscilando entre una respuesta adaptativa o incapacitante. En este punto en el que nos encontramos, hablando de respuesta adaptativa o incapacitante, el jugador podría en ese momento reconducir su partido. Puede observar una situación amenazante pero reacciona ante ella con un rendimiento competitivo.

Sin embargo en este artículo nos vamos a centrar en los aspectos adversos de la ansiedad, es decir en aquellos casos en los que el jugador genera una respuesta emocional incapacitante que acabará provocando el bloqueo mental al que nos referíamos antes.

“El brazo se le encoje”, “no puede cerrar el partido”, “está fuera del partido”, etc. Son algunas de las manifestaciones más frecuentes que aparecen en nuestro lenguaje cotidiano relacionadas con la ansiedad y el miedo.

El miedo es una emoción básicas, necesaria y adaptativa en la mayoría de las ocasiones. El miedo se activa ante la presencia de una amenaza, ya sea una percepción o interpretación de daño o peligro, para nuestro bienestar físico y/o psicológico. Suele aparecer ante un peligro real, presente e inminente, aunque muchos estudiosos también consideran que esta emoción puede darse ante un peligro imaginario. En cualquiera de los dos casos (peligro real o imaginado), el miedo puede poner en funcionamiento el comportamiento de emergencia en el sujeto que lo experimenta, proporcionando así la activación necesaria para luchar o huir de la situación que lo genera.

Podemos por lo tanto tratar de hacer una diferenciación entre el miedo y la ansiedad, y es la certeza de la presencia del estímulo, siendo más clara en el caso del miedo y confusa e imprecisa, para la ansiedad. En esta última, se experimenta una gran preocupación producida por la anticipación de los efectos negativos de una situación futura, pudiendo determinar en muchos casos la salud mental de una persona.

Desde este punto de vista, hablando del deporte en general y del tenis en particular, a pesar de que los términos miedo y ansiedad se suelen usar como sinónimos en nuestro lenguaje coloquial cuando hablamos del deporte, la ansiedad estaría más relacionado con una situación más global, estable y duradera en el tiempo, mientras que el miedo serían más situaciones particulares, concretas y definidas.

Las cogniciones típicas asociadas a la ansiedad que pueden aparecer antes, durante o después de un partido estarían en esta línea: “llevo varios partidos perdidos porque soy malísimo”, “juego contra jugadores peores que yo y pierdo”, “se terminó mi buena racha y no puedo ganar”.

Por otra parte, las cogniciones típicas asociadas al miedo estaría más en la línea de: “saco para cerrar el partido/set y pienso que voy a perder”, “Cometo un error no forzado y pienso que ya no puedo ganar”, “Iba 4-0 arriba y me remonta 4 juegos y pienso que ya voy a perder el set”. En definitiva el gran monstruo de nuestros miedos tenísticos es, en la mayoría de los casos, un pensamiento relacionado con “No ganar” o “perder”, ante situaciones concretas que se desarrollan durante el partido

Como ejemplo que ilustre lo que estamos exponiendo, un padre que manifiesta que su hijo tiene un problema ante los torneos y de momento, aunque sigue entrenando, no quiere competir, sería un claro ejemplo de ansiedad. Ante un jugador que encoje el brazo en momentos claves o puntuales del partido hablaríamos de miedo. Ante un jugador que genera cierta expectativa de ineficacia, de no estar al cien por cien y se enfrenta a los partidos con este prejuicio que disminuye significativamente su rendimiento, hablaríamos de ansiedad.

Tal y como hemos expuesto, el bloqueo mental sería una consecuencia de un problema de fondo (ansiedad y miedo), aunque también se podría producir por otras causas que aquí no hemos desarrollado. Hemos visto que la ansiedad y el miedo son emociones que requieren de aclaración ya que en muchos casos dan lugar a confusión terminológica. Estas emociones negativas son muy habituales en el mundo deportivo, ambas situaciones son suceptibles de mejora y solución. Es indudable la mejora en el rendimiento deportivo que puede suponer manejar correctamente la ansiedad y el miedo. En este aspecto de mejora nos centraremos en otra ocasión.